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Monasterio de Poblet  (Sergi y Yolanda)

A finales de octubre del 2014 hicimos una visita a este magnífico monasterio, que mezcla los estilos románico y gótico.

El Monasterio de Poblet fue fundado en 1150 por Ramon Berenguer IV. Se trata de un monasterio cisterciense, una orden derivada de los benedictinos. Actualmente lo habitan 32 monjes, pero en la época de máximo esplendor llegaron a ser unos 150. Siguen la máxima "ora et labora" ("reza y trabaja") y se encargan de todas las tareas cotidianas del monasterio.

El horario de visita es de 9 a 12,15 y de 15 a 17,25. Se puede recorrer por libre con un folleto o bien con un guía, pero siempre a unas horas concretas (aproximadamente cada media hora), ya que el monasterio todavía está en uso. La información actualizada de horarios y precios se puede encontrar en la web del monasterio: www.poblet.cat. Durante la visita, se pueden ver todas las salas desde fuera pero sólo entrar a aquellas que no utilizan los monjes hoy en día. La mayor parte de las estancias son muy austeras, con la mínima decoración, para evitar distraer a los monjes de sus tareas.

Nosotros optamos por la visita guiada y nos parece muy recomendable, dado que las explicaciones fueron muy interesantes y amenas y aportaban mucha información sobre la historia y vida en el monasterio.


Visita

La visita comienza en la Puerta Real, desde donde se accede al vestíbulo. En primer lugar, pasamos al claustro, muy agradable y luminoso. En el centro, rodeada de cipreses, hay una ornamentada fuente de piedra donde los monjes se lavaban las manos antes de las comidas. El patio se encuentra rodeado por pequeñas columnas, la mayoría de las cuales son originales pero alguna ha tenido que ser restaurada. En las paredes sobresalen las tumbas de algunos nobles que habían hecho contribuciones al monasterio. Algunas habían sido policromadas pero se encuentran muy desgastadas por los numerosos saqueos que sufrieron a raíz de la desamortización de Mendizábal, en el siglo XIX. En esta época, muchas órdenes religiosas fueron disueltas y el monasterio permaneció deshabitado hasta 1940.

La primera estancia donde accedemos es la cocina. La estructura es original de principios del gótico, aunque la gran chimenea, que se encuentra entrando a mano izquierda, es moderna. Destacan dos agujeros, en paredes opuestas, que eran los "pasaplatos" hacia los comedores. En el monasterio, además de los monjes, habitaban los hermanos (también llamados "legos"), que eran personas de familias más humildes que vivían en el monasterio pero tenían que trabajar en el campo. Ellos dormían y comían en salas diferentes que los monjes.

Junto a la cocina se encuentra el comedor, que todavía se utiliza actualmente. Es una estancia muy bella, con el suelo y mesas de madera modernas y una fuente de piedra que originalmente servía para abastecer de agua y ahora sólo es decorativa. Al final del comedor hay un púlpito donde un monje lee oraciones mientras los demás comen en silencio.

La siguiente sala es el calentador. Esta estancia tiene una chimenea y era donde venían los monjes a calentarse durante el invierno. También era donde se cuidaba a las personas con salud delicada, convirtiéndose prácticamente en una enfermería.

Un poco más allá se llega al locutorio, que era la zona destinada a hablar. Era el lugar donde el prior (el segundo monje más importante del monasterio, después del abad) repartía las tareas a los monjes.

Desde una ventana del locutorio se ve la biblioteca, llena de estanterías con libros. Antes esta sala era el escritorio, donde los monjes copiaban los manuscritos. Los arcos de vuelta, aunque no lo parecen por su buen estado de conservación, son originales de principios del siglo XIII, los inicios del gótico.

En el lado contiguo del claustro está la sala capitular, todavía en uso. Es la sala de "gobierno", donde se toman todas las decisiones referentes a la vida en el monasterio. También se reúnen los monjes para leer y recordar la regla benedictina, que está formada por 73 capítulos. De ahí viene el nombre de "sala capitular".

La visita continúa accediendo a la iglesia. Esta tiene dos entradas: una desde el claustro y una desde fuera del monasterio. Destaca el gran retablo de alabastro de Sarral, exquisitamente tallado y con una figura central de la Virgen María. También encontramos las tumbas reales, de personajes tan destacados como Alfonso II (hijo de Ramón Berenguer IV y Petronila), Jaime I el Conquistador, Pedro el Ceremonioso o los padres de Fernando El Católico. A los pies de las tumbas de las reinas hay figuras de perros, símbolo de la lealtad, y a los pies de la de los reyes, leones, símbolo del poder. Durante los saqueos, de toda la riqueza ornamental de las tumbas sólo quedaron los arcos. Afortunadamente, la gran cantidad de documentos históricos permitió realizar una fiel reconstrucción con fragmentos originales, que se distinguen hoy en día por un color más oscuro que el resto.

Frente al retablo está el coro, donde se sientan los monjes durante las ceremonias litúrgicas. Estas son abiertas al público, que puede sentarse en los bancos de atrás. Al fondo de la nave principal se encuentra el gran órgano. En uno de los brazos de la nave que forma la planta de cruz latina está la sacristía, donde los monjes se preparan con los trajes para las celebraciones litúrgicas. También se pueden visitar las pequeñas capillas románicas que se encuentran alrededor del ábside.

Subiendo unas escaleras se llega al dormitorio. Dentro de esta enorme estancia se encontraban las camas de los monjes, separadas por cortinas. Actualmente es una ampliación de la biblioteca. La estructura de arcos es original de inicios del gótico, pero las vigas de madera son modernas.

Desde el dormitorio se accede al sobreclaustro. Antiguamente era una segunda planta del claustro y estaba cubierto con un tejado, que actualmente no existe pero quedan las piedras donde reposaban las vigas. Desde allí se tienen buenas vistas del claustro y de las tres torres del monasterio: dos campanarios y el cimborrio. Son especialmente bonitas al atardecer, cuando toman colores dorados.

Desde el sobreclaustro se accede a una pequeña estancia, donde el abad atendía a las visitas. Hay una chimenea y otras comodidades que no tienen el resto de salas. Por una escalera con una barandilla metálica con forma de dragón, se baja a la planta inferior.

La última estancia que se visita inicialmente fue el dormitorio de los hermanos. En el siglo XIV, se excavó el suelo para rebajar el nivel y convertir la sala en la bodega. Actualmente, hay una plataforma de madera a la altura del suelo original del dormitorio de los hermanos y por un agujero se puede ver el suelo posterior y los espacios donde, bajo unos arcos, se encontraban los barriles de vino. Destaca la canalización por donde circulaba el vino desde la sala donde se pisaba la uva y fermentaba el mosto hasta los barriles.

El recorrido termina donde empezó, en el vestíbulo, donde todavía se pueden ver las piedras que tapan el antiguo canal por donde corría el vino.

La visita se puede completar entrando a la iglesia por la puerta principal y subiendo a un pequeño museo de objetos religiosos.