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Parque Natural de las Bárdenas Reales (Sergi y Yolanda)

 

Visitar un desierto sin hacer un viaje exótico es posible. En las Bárdenas Reales está el único desierto de la Península Ibérica y sus formaciones rocosas, su aspecto árido y su calor asfixiante nos harán sentir como si estuviéramos en pleno desierto de Arizona.

La visita se puede hacer en un día o se puede dedicar tanto tiempo como se quiera a explorar sus numerosos caminos y senderos. Nosotros lo visitamos de paso, volviendo de La Rioja, pero nos quedamos con ganas de pasar allí más tiempo y volver sudorosos y sedientos de alguna de las diversas excursiones que se pueden realizar.

 

Cómo llegar y desplazarse

 

Para llegar a las Bárdenas es prácticamente imprescindible disponer de vehículo propio. Para recorrerlas, dicen que se puede en bicicleta o a pie, pero, salvo si se va en meses especialmente fríos, hay que tener un cuerpo a prueba de hornos para no sucumbir por una insolación. Nosotros estuvimos a primeros de mayo y cada vez que bajábamos del coche era como asomarse a las puertas del infierno. Desde luego, esta región hace honor a su categoría de desierto.

Aunque hay varios accesos por carretera, el principal es por un desvío bien indicado que sale de la NA-134 entre Arguedas y Tudela. De hecho, bastante antes de llegar hasta aquí ya empieza a haber varias indicaciones hacia el parque o hacia Sendaviva, que podemos seguir. En la carretera de entrada al parque, unos kilómetros después del desvío, se encuentra la Oficina de Información, donde, además de un pequeño centro de interpretación, proporcionan mapas y sugerencias de rutas y pueden solventar cualquier duda que podáis tener.

 

Puntos de interés

 

Aunque el parque natural se divide en varias zonas, la más visitada (y la que nosotros recorrimos) es la Bárdena Blanca. Pasada la oficina de información, sale una ruta circular de unos 40 km que rodea el Polígono de Tiro, una zona militar. En este recorrido solo está permitido dejar el coche en determinados puntos señalizados y el acceso a pie a determinadas zonas está restringido. De todas formas, el paisaje, árido y rocoso, extendiéndose prácticamente plano hasta los cerros que aparecen en el horizonte, es espectacular.

Si se prefiere se puede ir directamente a uno los puntos de interés más conocidos, la formación rocosa del Cabezo de Castildetierra, que de otro modo encontraríamos hacia el final del recorrido circular. Justo al lado hay un aparcamiento, que nos permite acercarnos y fotografiar esta obra de la naturaleza, caprichosamente cincelada por la erosión a lo largo de millones de años. También desde allí podemos bajar al Barranco de las Cortinas, en una ruta a pie de alrededor de 1 km que nos permite descender a su lecho y caminar siguiendo el curso del barranco entre paredes de roca.

No muy lejos de allí encontramos otro pequeño recorrido a pie, el ascenso al Cabezo de las Cortinillas. También hay un aparcamiento, junto a otras llamativas formaciones rocosas con estratos de curiosos colores que parecen trazados con escuadra y cartabón. La subida, parcialmente por el repecho de la colina, y en su mayoría por una hilera de escaleras de hormigón, no es muy larga pero sí cansada. Sin embargo, las vistas desde arriba merecen el esfuerzo, ya que la cima del cabezo domina toda la depresión de la Bárdena Blanca. Se puede contemplar a un lado el Polígono Militar de Tiro y las tierras secas y yermas de las Bárdenas, mientras que al otro aparecen alfombras con brotes verdes.

Al finalizar la visita, se puede volver por el mismo camino o bien tomar la pista hacia el norte, que cruza la Bárdena Blanca Alta y sale por el acceso de El Paso a la NA-128.